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¡Guerreros y guerreras, sois grandes!

Podría haber sido un entreno más de BeSIDE en Yogalinda, pero si dijera esto, no sería fiel a la realidad.
El pasado sábado realizamos un entrenamiento con gente habitual a la cita mensual, gente que cada día que te la encuentras descubres sus inquietudes y sus ganas de crecer y gente que, con su presencia, te enseña mucho. Pero también vino un compañero con el que hacía mucho tiempo que no coincidíamos. ¡Qué sorpresa, Toni, gracias por venir!
Mi amigo Toni se trajo a un grupo de amigos que dinamizaron el entrenamiento aportando mucha energía.

¡Seguimos andando, trabajando humildemente el guerrero o guerrera en todas sus dimensiones!

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Agradecimiento a Villaviciosa de Odón

Y, por fin, conocí a Germán. Un Policía Local de Villaviciosa de Odón con grandes inquietudes para aprender y aportar a los demás. Germán, con gran tesón, hizo posible que fuera el pasado miércoles 23 de noviembre a dar una conferencia relacionada con mi libro «Cara a cara ante una intervención armada».

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Mas de 300 personas se inscribieron para asistir. Además de mi intervención, contábamos con la conferencia del Magistrado Juez Presidente de la Audiencia Provincial de Madrid, Don Eduardo de Porres Ortiz de Urbina.  Antes de empezar la jornada, pude comprobar lo cercana y afable que era su señoría, cosa que pude comprobar en su intervención posterior.

Siempre es un reto delante de tan notorio público realizar una conferencia, pero si en este caso le añadimos la presencia del Magistrado, del jefe de la Policia Local de Odón y la concejala de seguridad doña María Martín, el reto subió de nivel. De hecho, pude experimentar en mi piel parte de los efectos fisiológicos que se activan en el Sistema Nervioso Simpático que iba a explicar. Todo un reto, en el que me sentí totalmente arropado por todos los asistentes y tuve la gran oportunidad de poder explicar mis hallazgos delante de los asistentes.

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Me llevé mucho de esa jornada: me llevé el abrazo de muchos compañeros policías como yo que saben de lo dificultoso que es nuestro trabajo. Me llevé la grata satisfacción de escuchar al Magistrado Juez en sus explicaciones. En su ponencia pude descubrir lo que automáticamente llamé «la paradoja de un buen profesional». Como puede ser que la buena consideración de los jueces a la policía, paradójicamente pueda provocar el efecto contrario, por no tener en cuenta las respuestas instintivas de estos policías en situaciones de crisis. Me llevé el recibimiento de Germán y su confianza por haberme llamado y darme la oportunidad de poder hacer mi conferencia.  Gracias Germán. Me llevé la emoción de sentir la gratitud de muchos grandes profesionales.

En resumen fue un día verdaderamente especial, me siento muy agradecido.

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Reflexiones de mi paso por Vitoria-Gasteiz

Ya hace tiempo que Roberto, del Sindicato Erne de Vitoria, contactó conmigo con el motivo de realizar una conferencia sobre mi libro «Cara a cara ante una intervención armada». Después de hablar con él, mi rostro de alegría se vislumbraba por toda la comisaría. Iba a volver a esas tierras donde tanto aprendí y, por qué no decirlo, sufrí tras haber hecho el curso de protección y intervención en Berrozi.

Después de abusar de mi amigo Gorka para que me dejara dormir en su casa, nos dirigimos en busca de Manu, otro de esos amigos con los que puedes contar para todo. Roberto nos esperó en la puerta del auditorio, con una sonrisa afable de bienvenida. Pronto pude ver lo motivado que estaba, ya que montar un evento como este te requiere mucho trabajo. Fueron 4 horas de conferencia junto a grandes profesionales de la seguridad, preocupados y comprometidos con formarse para poder dar un mejor servicio al ciudadano.

Gracias de corazón. Siempre que voy a tierras vascas respiro las grandes enseñanzas de grandes policías.

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Entrenamiento de la Policía de Bilbao

Entrenamiento de la Bilbao Polizia con mi libro “Cara a cara ante una intervención armada“ en las manos. Un honor inspirar tan buenos trabajos en todos los lugares posibles.policia

davidberenguerasmentor.com

David Berengueras, mentor : Entrenando héroes

mirar para mirarse

Mirar para mirarse

 

Cuando era pequeño mi abuela me decía: David, cuando alguien te hable, mírale siempre a los ojos.

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Yo no entendía a mi abuela, pero como era una mujer que transmitía integridad a raudales, intentava cumplir esas palabras. Más adelante, como siempre estaba tan ocupado, perdí la perspectiva de esas palabras hasta el pasado sábado en BeSide, cuando todos aceptaron el reto de mirar a un compañero a los ojos. Como guía de la clase tuve el privilegio de observar la maravillosa metamorfosis de la tensión inicial por la propuesta del reto a la comprensión una vez finalizado el ejercicio. De la complicidad de los guerreros y guerreras allí presentes. Pude comprobar que mirar a los ojos de una persona es como mirarse a uno mismo. Pude entender como de un mismo lago nace cada gota, cada persona y se mantiene la misma unidad de procedencia de la misma agua.

Pude recapacitar y afirmar que hay muchas más cosas que nos unen de las que nos separan. Mirar y mirarse es lo mismo, si miras bien.

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Hombro con hombro, sin distinciones

Ayer miércoles, en Zaragoza, nos encontramos hermanos de armas de muchas partes de España con el único objetivo de vivir el trabajo profesional desde lo más hondo de nuestra esencia. Hombro con hombro, sin distinciones de ideologías, religiones ni colores, sabiendo que nuestra razón de ser es servir y ayudar a toda persona necesitada. Junto a mis hermanos guerreros, trabajando en equipo con el espíritu del que importa es el que tengo a mi lado pudimos entrenar SIDE, planteando difrentes retos para sentir la competencia de nuestras acciones sin olvidar la autenticidad en todo aquello que vivimos y, a la vez, sentirnos conectados con aquellos guerreros que respiran el mismo propósito que el mío.

Gracias a todos aquellos que vinieron y dieron su mejor versión y también recordamos en nuestro corazón todos aquellos que no pudieron venir pero que estuvieron presentes.

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Compañero, aquí me tienes

Llevo más de veinte años de policía, me las he visto de todos los colores, pero nunca me hubiese imaginado los sentimientos que estoy teniendo estos días en CataluñaSi eres policía como yo, seas de donde seas, sé que lo estas pasando mal por la situación tan excepcional que estamos viviendo. Si de verdad eres compañero, sé que cuando te vas a la cama o durante el día, tienes una sensación incómoda, un malestar fuera de lo común.

A lo largo de mi vida profesional he podido forjar auténticas amistades por toda España, gente con unos valores muy similares a los míos. Gente con un objetivo que nos une y nos convierte en cómplices cuando estamos en la calle, independientemente del uniforme que llevemos. Ese objetivo es la voluntad de servir y proteger a cualquier ciudadano que necesite de nuestra ayuda. Son innumerables las veces que he podido trabajar codo con codo en pro de este objetivo con hermanos de otros cuerpos policiales.

Mi afán de ayudar a cualquier compañero de profesión me ha llevado a salir de mis fronteras, dejando a mi familia y a mis hijos para poder transmitir a compañeros de muchos países los conocimientos que he adquirido con el fin de ayudar a que cada uno de ellos pueda realizar su trabajo con más profesionalidad y seguridad.

Compañero del latín compartir el pan. Muchos servicios conjuntos, muchos entrenamientos compartidos, muchas cenas de hermandad vividas. Yo sé quién es verdaderamente mi compañero, aquel que comparte las calles de mi ciudad con un fin que va más allá de políticas, de colores, de idealismo. Nos unen nuestros valores compartidos, nuestros principios humanos que están por encima de cualquier fin partidista.

Mientras busco espacios de reflexión dentro de esta locura, observo en un parque como una joven juega con su perro tirándole un bastón, para que el perro vaya detrás de él. Miro y veo como el perro lucha para coger el bastón que su dueña sostiene en su mano. Y es en ese momento que me viene a la mente esta reflexión: que sencillo es para la joven que su perro se centre en el bastón, olvidando la mano que mueve el mismo.

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Si de verdad eres compañero podrás entender qué fácil es atacar al palo, olvidando la mano de la dueña. Así es como me he sentido últimamente, he podido caer en la tentación de atacar a ese palo sin darse cuenta de la mano que había detrás. La situación actual y el clima de crispación generado por intereses que no son los míos.

No, no voy a caer en juzgar ninguna actuación de aquellos que son verdaderamente mis compañeros y se que tú sabrás ver más allá de lo que que las apariencias puedan mostrar. Sólo puedo juzgarme a mi mismo y mis acciones, para lo demás me falta información y capacidad. En cuántas intervenciones he sido juzgado injustamente por ignorancia del que juzga. Y tú, compañero, sé que has sido juzgado injustamente y con ira habrás pensado: «¡qué sabrás tú que juzgas, de nuestra profesión!»

Sois tantos los compañeros de otros pueblos a los que quiero que no puedo más que sentir afecto por vosotros. Que absurdo es todo: rechazo que me odien, pero odio al que me odia, rechazo que me juzguen, pero juzgo al que me juzga.

Estas palabras se las envié a un amigo Guardia Civil, Antonio (Toño), hermano de armas, un hombre que admiro hace más de diez años y que es la cara que veo cuando me hablan de la Guardia Civil. Siempre vas a encontrar ese abrazo de compañero que tantas veces nos hemos dado en muestras de afecto y respeto.

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Aplauso a los Mossos en Plaça Catalunya

En breve os explicaré cómo he vivido y vivo todos estos días. Ahora quiero compartir con vosotros esta muestra de solidaridad con nuestro trabajo que hace que gran parte de lo que hacemos tenga sentido:

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El por qué y el cómo de las cosas. ¿Se puede estar entrenado y preparado sin entrenar?

Este es un artículo dedicado a todo aquel que sea de reflexionar, de pensar y de buscar coherencia en las cosas. Coherencia en pensar una cosa, decir y hacer en consecuencia. No es un artículo que vaya en contra de nadie, sólo quiero reflejar una realidad que, como diría mi amigo Jorge, lo que es, es! 

Soy de aquellos que piensa que todo el mundo hace lo que buenamente puede, aunque a veces el sistema está creado para hacer exactamente lo contrario. Me pongo en el lugar de aquel «que quiere» pero por lo que sea «no puede». No debe ser fácil convivir así. Vivo en el mundo profesional de la seguridad, un mundo desconocido para la mayoría de ustedes. Es este motivo el que me motiva a escribir estas líneas.  En la búsqueda de coherencias sólo he encontrado palos y más palos, será que ha veces las obviedades son muy duras de reconocer y es mejor olvidarlas o aparcarlas.

Vivo en el mundo profesional de la seguridad y, precisamente, en la búsqueda de coherencias sólo he encontrado palos y más palos (será que ha veces las obviedades son muy duras de reconocer y es mejor olvidarlas o aparcarlas). Voy a poner un ejemplo en un mundo que no es el mío y que prefiero vivir en la ignorancia, no fuera a ser que encuentre demasiadas similitudes con el mío. Imaginen que un familiar muy cercano, un hijo, una madre, está a punto de ser operado de un tumor en la cabeza. Ves los ojos inocentes de ese niño o los de preocupación de su madre y nos ponemos en manos de los profesionales sanitarios. Lo que ellos digan será lo que importe. Abrazamos sus palabras, dibujamos sus decisiones con un «sí» rotundo. 

STOP. Abramos un paréntesis y miremos la carrera profesional de su cirujano, del que va abrir la cabecita de tu niño. Cómo se sentirían si descubrieran que ese médico ha hecho una formación académica de unos cuantos años, muy teóricos por cierto, y de repente se encuentra por primera vez delante del cráneo de su hijo, y con el bisturí en la mano a punto de abrir esa cabecita, tuviera un pensamiento similar a: “Bueno, voy a abrir y sobre la marcha”.

Además imaginen que descubriera que apenas ese cirujano tiene entrenamientos o reciclajes y que con lo que estudió hace ya unos años, va abriendo cabezas sobre la marcha. Supongo que todo esto les suena a muchos de vosotros a chino y que, exactamente, no saben a dónde quiero ir a parar. Pues me remito al inicio de este artículo. ¿Se puede estar entrenado sin entrenar? A simple vista es obvio que no, no se puede estar entrenado sin entrenar, pero y ¿si viviéramos en un mundo en qué todos piensan que unos están entrenados y que estos a su vez piensan pues bueno, sobre la marcha?

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Así es como trabajan la mayoría de los compañeros de profesión con los que me encuentro. Después de una academia de nueve meses… ¡ya está! Estás entrenado para toda tu carrera profesional. La media de entrenamientos que hace un policía en tiro e intervención al año es de una práctica o dos anuales. Ya no quiero ni evaluar si, además, lo que se entrena en esas prácticas cumple con los mínimos requisitos para cumplir con su misión, es decir, defenderse y defender a los ciudadanos de un enfrentamiento armado.

Y ¿qué sucede con las intervenciones peligrosas como amenazas con armas blancas, bastones, palos o agresiones muy violentas con los puños? ¿Cuantos entrenamientos se hacen al año? ¿y sobre personas en brote psiquiátrico agudo o agresivos? ¿y sobre situaciones o agresiones a mujeres víctimas de violencia de género?

Siento decirle amigo lector que la formación anual es CERO, lo escribo con mucha tristeza y pesar, pero esta es la realidad en la que esta sociedad tiene a los profesionales de seguridad. Como sucedía con el cirujano, y con la mayor de las voluntades de esos profesionales armados, será sobre la marcha.

El policía que vea usted preparado, será porque habrá invertido una parte importante de su dinero en formación privada. Sí, y todo con el sentimiento de servirle y protegerle a usted.

Y ahora, según las últimas noticias, es que los policías que quieran entrenar por su cuenta serán sancionados. ¡Estamos locos! ¿Realmente detrás de esa decisión de negar la formación particular está la preocupación de que los policías estén formados y que con ese entrenamiento den un mejor servicio de calidad al ciudadano?

La verdad es que como ciudadano a pie le puede sonar todo esto a surrealista. La preocupación al escribir estas líneas es que está en juego la seguridad de todos, de los profesionales armados y de los conciudadanos. Y todo esto en la situación de alerta en la que estamos, como para ir jugando con esto, mientras otros piensan en como hacer el máximo de daño posible a gente inocente.

Es una obviedad: si quiero estar entrenado, debo entrenar. Obviedad olvidada y que recae sobre los profesionales las responsabilidades que puedan hacer, en un trabajo que requiere entrenamiento, del cual ellos no lo están. Pero ¿cómo puedo estar entrenado sin entrenar?

Como puede ver, el día de la marmota me persigue en mis escritos.

 

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El por qué y el cómo de las cosas. Dónde agreden los agresores y por qué.

Como los artículos anteriores, este también va dedicado a todo el mundo que tiene la curiosidad de saber el por qué y el cómo de las cosas. No es un artículo para los profesionales de la seguridad, aunque es inevitable que, mientras lo escribo, mi pensamiento vaya en ayudar precisamente a que sean mejor entendidos. ¿Ha sido agredido alguna vez? ¿Ha estado presente viendo de cerca alguna pelea? Si usted es de los catalogados “normales”, no le habrá gustado presenciar esa pelea y menos haber sufrido una, si ha sido el caso.

Dejando de lado las sensaciones desagradables y las posibles consecuencias en la integridad física de los agredidos, quiero explicar algunas de las conclusiones que posteriormente nos han servido para poder defendernos de futuras agresiones. ¿Dónde golpea la gente que quiere agredirnos? En los primeros envites de la pelea, mayoritariamente en la cara y en la cabeza. ¿Por qué? Instintivamente el agresor quiere neutralizar el Sistema Nervioso Central, y por ese motivo los golpes se dirigen a la cabeza. Y ¿en que secuencia?, ¿lentamente?, ¿serán rectilíneos y lentos para que pueda pararlos?, ¿de un diestro o zurdo?, ¿a qué zona de la cabeza, a la nariz, el pómulo o quizás la sien?

Siento decirle que no podremos predecir la trayectoria para parar esos golpes, que además vendrán com una velocidad y fuerza que le ocuparán toda su concentración en no ser golpeado para no sufrir daños irreversibles. Por lo que hemos evaluado en nuestros estudios sobre agresiones, su posición corporal o sus ojos cerrados le impedirán ver con claridad qué está pasando. Si una persona agresiva quiere golpearle en su cara, ¿Cómo lo haría para detenerlo? Él le quiere golpear con todas sus fuerzas, muestra una actitud de no retorno, gritando y amenazándole que lo va destrozar. ¿Cómo lo haría para posteriormente tener que demostrar que lo ha hecho intentando no causarle muchos daños? Al escribir las líneas anteriores me ha venido a la cabeza la película Misión imposible. No porque Tom Cruise quisiera robar joyas, sino por la misión imposible de hacerlo. El reto que esta situación supone para una persona, como he dicho antes “normal”, no para los peleadores profesionales.

 

Resumiendo, alguien quiere destrozar mi cabeza y yo debo evitarlo pero intentando causarle pocas lesiones ya que, por supuesto, después puede haber consecuencias legales. ¿Qué entrenamiento cree que deben tener los profesionales de la seguridad para poder resolver con eficacia una situación en la que usted pueda estar sufriendo una agresión? ¿Deben estar entrenados estos profesionales para poder garantizar su seguridad y la de los conciudadanos? ¿Entrenamientos diarios o semanales?

Lo sé, son muchas cuestiones en un artículo que tiene como objetivo aportar conocimiento. Pero, a veces, al dar conocimiento lo que estamos mostrando es lo que Beck explica como explosión del desconocimiento, es decir, que al descubrir nuevos conocimientos estos, a su vez, nos aportan más cuestiones sin resolver que, una vez resueltas, aportan más cuestiones. Otra versión del día de la marmota. Es difícil que alguien comprenda la diferencia en el caso que nos ocupa. Esto está en la experiencia, hay muchas cuestiones que se resuelven en la práctica, como nosotros hemos intentado durante muchos años en nuestros planteamientos formativos. Cuando en un curso planteamos talleres realistas y usted puede estar delante de un agresor que, en ese caso, llevará unos guantes de boxeo para golpearle para no hacerle en demasía mucho daño, de repente se empiezan a resolver muchas de las cuestiones planteadas en este artículo.