Compañero, aquí me tienes

Llevo más de veinte años de policía, me las he visto de todos los colores, pero nunca me hubiese imaginado los sentimientos que estoy teniendo estos días en CataluñaSi eres policía como yo, seas de donde seas, sé que lo estas pasando mal por la situación tan excepcional que estamos viviendo. Si de verdad eres compañero, sé que cuando te vas a la cama o durante el día, tienes una sensación incómoda, un malestar fuera de lo común.

A lo largo de mi vida profesional he podido forjar auténticas amistades por toda España, gente con unos valores muy similares a los míos. Gente con un objetivo que nos une y nos convierte en cómplices cuando estamos en la calle, independientemente del uniforme que llevemos. Ese objetivo es la voluntad de servir y proteger a cualquier ciudadano que necesite de nuestra ayuda. Son innumerables las veces que he podido trabajar codo con codo en pro de este objetivo con hermanos de otros cuerpos policiales.

Mi afán de ayudar a cualquier compañero de profesión me ha llevado a salir de mis fronteras, dejando a mi familia y a mis hijos para poder transmitir a compañeros de muchos países los conocimientos que he adquirido con el fin de ayudar a que cada uno de ellos pueda realizar su trabajo con más profesionalidad y seguridad.

Compañero del latín compartir el pan. Muchos servicios conjuntos, muchos entrenamientos compartidos, muchas cenas de hermandad vividas. Yo sé quién es verdaderamente mi compañero, aquel que comparte las calles de mi ciudad con un fin que va más allá de políticas, de colores, de idealismo. Nos unen nuestros valores compartidos, nuestros principios humanos que están por encima de cualquier fin partidista.

Mientras busco espacios de reflexión dentro de esta locura, observo en un parque como una joven juega con su perro tirándole un bastón, para que el perro vaya detrás de él. Miro y veo como el perro lucha para coger el bastón que su dueña sostiene en su mano. Y es en ese momento que me viene a la mente esta reflexión: que sencillo es para la joven que su perro se centre en el bastón, olvidando la mano que mueve el mismo.

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Si de verdad eres compañero podrás entender qué fácil es atacar al palo, olvidando la mano de la dueña. Así es como me he sentido últimamente, he podido caer en la tentación de atacar a ese palo sin darse cuenta de la mano que había detrás. La situación actual y el clima de crispación generado por intereses que no son los míos.

No, no voy a caer en juzgar ninguna actuación de aquellos que son verdaderamente mis compañeros y se que tú sabrás ver más allá de lo que que las apariencias puedan mostrar. Sólo puedo juzgarme a mi mismo y mis acciones, para lo demás me falta información y capacidad. En cuántas intervenciones he sido juzgado injustamente por ignorancia del que juzga. Y tú, compañero, sé que has sido juzgado injustamente y con ira habrás pensado: «¡qué sabrás tú que juzgas, de nuestra profesión!»

Sois tantos los compañeros de otros pueblos a los que quiero que no puedo más que sentir afecto por vosotros. Que absurdo es todo: rechazo que me odien, pero odio al que me odia, rechazo que me juzguen, pero juzgo al que me juzga.

Estas palabras se las envié a un amigo Guardia Civil, Antonio (Toño), hermano de armas, un hombre que admiro hace más de diez años y que es la cara que veo cuando me hablan de la Guardia Civil. Siempre vas a encontrar ese abrazo de compañero que tantas veces nos hemos dado en muestras de afecto y respeto.

4 comentarios
  1. Alex Alegre
    Alex Alegre Dice:

    Increíble uno de los mejores articulos y/u opiniónes que he podido leer estos dias, simplemente genial.
    Hay que ver que caprichosa es la vida, solo el perro, por su naturaleza, puede fijarse en el palo y no ver mas alla de su hocico, sin embargo el ser humano, que podemos elegir preferimos el camino facil.
    Grande David, como siempre!!!!

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