marmota

El por qué y el cómo de las cosas. ¿Se puede estar entrenado y preparado sin entrenar?

Este es un artículo dedicado a todo aquel que sea de reflexionar, de pensar y de buscar coherencia en las cosas. Coherencia en pensar una cosa, decir y hacer en consecuencia. No es un artículo que vaya en contra de nadie, sólo quiero reflejar una realidad que, como diría mi amigo Jorge, lo que es, es! 

Soy de aquellos que piensa que todo el mundo hace lo que buenamente puede, aunque a veces el sistema está creado para hacer exactamente lo contrario. Me pongo en el lugar de aquel «que quiere» pero por lo que sea «no puede». No debe ser fácil convivir así. Vivo en el mundo profesional de la seguridad, un mundo desconocido para la mayoría de ustedes. Es este motivo el que me motiva a escribir estas líneas.  En la búsqueda de coherencias sólo he encontrado palos y más palos, será que ha veces las obviedades son muy duras de reconocer y es mejor olvidarlas o aparcarlas.

Vivo en el mundo profesional de la seguridad y, precisamente, en la búsqueda de coherencias sólo he encontrado palos y más palos (será que ha veces las obviedades son muy duras de reconocer y es mejor olvidarlas o aparcarlas). Voy a poner un ejemplo en un mundo que no es el mío y que prefiero vivir en la ignorancia, no fuera a ser que encuentre demasiadas similitudes con el mío. Imaginen que un familiar muy cercano, un hijo, una madre, está a punto de ser operado de un tumor en la cabeza. Ves los ojos inocentes de ese niño o los de preocupación de su madre y nos ponemos en manos de los profesionales sanitarios. Lo que ellos digan será lo que importe. Abrazamos sus palabras, dibujamos sus decisiones con un «sí» rotundo. 

STOP. Abramos un paréntesis y miremos la carrera profesional de su cirujano, del que va abrir la cabecita de tu niño. Cómo se sentirían si descubrieran que ese médico ha hecho una formación académica de unos cuantos años, muy teóricos por cierto, y de repente se encuentra por primera vez delante del cráneo de su hijo, y con el bisturí en la mano a punto de abrir esa cabecita, tuviera un pensamiento similar a: “Bueno, voy a abrir y sobre la marcha”.

Además imaginen que descubriera que apenas ese cirujano tiene entrenamientos o reciclajes y que con lo que estudió hace ya unos años, va abriendo cabezas sobre la marcha. Supongo que todo esto les suena a muchos de vosotros a chino y que, exactamente, no saben a dónde quiero ir a parar. Pues me remito al inicio de este artículo. ¿Se puede estar entrenado sin entrenar? A simple vista es obvio que no, no se puede estar entrenado sin entrenar, pero y ¿si viviéramos en un mundo en qué todos piensan que unos están entrenados y que estos a su vez piensan pues bueno, sobre la marcha?

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Así es como trabajan la mayoría de los compañeros de profesión con los que me encuentro. Después de una academia de nueve meses… ¡ya está! Estás entrenado para toda tu carrera profesional. La media de entrenamientos que hace un policía en tiro e intervención al año es de una práctica o dos anuales. Ya no quiero ni evaluar si, además, lo que se entrena en esas prácticas cumple con los mínimos requisitos para cumplir con su misión, es decir, defenderse y defender a los ciudadanos de un enfrentamiento armado.

Y ¿qué sucede con las intervenciones peligrosas como amenazas con armas blancas, bastones, palos o agresiones muy violentas con los puños? ¿Cuantos entrenamientos se hacen al año? ¿y sobre personas en brote psiquiátrico agudo o agresivos? ¿y sobre situaciones o agresiones a mujeres víctimas de violencia de género?

Siento decirle amigo lector que la formación anual es CERO, lo escribo con mucha tristeza y pesar, pero esta es la realidad en la que esta sociedad tiene a los profesionales de seguridad. Como sucedía con el cirujano, y con la mayor de las voluntades de esos profesionales armados, será sobre la marcha.

El policía que vea usted preparado, será porque habrá invertido una parte importante de su dinero en formación privada. Sí, y todo con el sentimiento de servirle y protegerle a usted.

Y ahora, según las últimas noticias, es que los policías que quieran entrenar por su cuenta serán sancionados. ¡Estamos locos! ¿Realmente detrás de esa decisión de negar la formación particular está la preocupación de que los policías estén formados y que con ese entrenamiento den un mejor servicio de calidad al ciudadano?

La verdad es que como ciudadano a pie le puede sonar todo esto a surrealista. La preocupación al escribir estas líneas es que está en juego la seguridad de todos, de los profesionales armados y de los conciudadanos. Y todo esto en la situación de alerta en la que estamos, como para ir jugando con esto, mientras otros piensan en como hacer el máximo de daño posible a gente inocente.

Es una obviedad: si quiero estar entrenado, debo entrenar. Obviedad olvidada y que recae sobre los profesionales las responsabilidades que puedan hacer, en un trabajo que requiere entrenamiento, del cual ellos no lo están. Pero ¿cómo puedo estar entrenado sin entrenar?

Como puede ver, el día de la marmota me persigue en mis escritos.

 

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